Cuando Veyne refiere que Foucault cambiaba la temperatura del lugar donde se encontraba, está refiriéndose, no kantianamente, que Foucault lo calentaba, o espinosistamente, que era profundame
nte afectado por una suerte de pasión corporal que le subía a la cabeza. Bueno, el mundo es algo bastante físico y sabemos que los castrados y los anacoretas también le dan y no menos (están aquellos que componen versos en los sótanos, los que piensan dentro de aljibes, en los toneles, en las plazas, en fin, componer versos es casi tan viable como garchar, teniendo ganas, se puede hacer en cualquier lado). Se pueden componer versos, se puede garchar, se puede pensar, en la fila de la picana por ejemplo: capucha mediante, el cuerpo erizado ante el espectáculo de la pura sensación. También se puede garchar en el calabozo, interpares o solo con la voz que cruza por entre las rejas. Se puede pensar también con un dólar enrollado en la nariz (en fin, el pensamiento es como Júpiter, todo lo atraviesa). Hay pensamiento para púlpitos y otros que solo permiten la intimidad. El pensamiento rebota en las cabezas, en cualquier charco, como la luna en los ojos, es decir, el pensamiento se parece a eso que llamamos imagen (y ese movimiento que efectúa la imagen generalmente no lo llamamos de pensamiento – y es que la iconicidad…) que se parece también a lo que llamamos de vicios.
de la obra de Roberto. El tercero, es Amuleto. Los otros son Nocturno de chile, y Estrella distante. De este autor prefiero sus formatos breves, menores, en lugar de los que infelizmente le han dado tamaño a la fama, que como todos sabemos, como decía Borges, repitiendo a Baudelaire, es siempre un mal entendido. Claro que Borges y Baudelaire no lo decían con un ánimo de autoexaltación, ya que a ellos, como escritores, les tocó vivir tiempos difíciles. La fama siempre es el lugar del otro, es como el deseo bailado por Kojeve y Lacan, el lugar donde no estamos, es decir, la fama de Bolaño, al que también le tocaron tiempos difíciles, es justificada y se da por lo que me parece sus dos libros más flojos, casualmente los que han llevado más marketing: la 2666 y Los detectives salvajes. Él estaría de acuerdo con que en las largas trayectorias aparecen los defectos, que pueden ser incorporados como equivocaciones, exploraciones hegelianas hacia la verdad de un sujeto que cada vez se conoce más a sí mismo, aunque con la obra de Bolaño esa regla parece tener escasa operatividad. 
Amuleto. Todavía no he dicho nada de esta espléndida pequeña novela. Si Detectives salvajes era una suerte de viaje anacrónico hacia la historia de la vanguardia, en Amuleto, escrita a fines del 20 propone la vieja épica de la resistencia de los poetas como un pulmón que respira La ley del deseo de la escritura, la promesa de felicidad que solo la literatura (y el amor?) pueden dar. Creo que Gandolfo la refiere como un capítulo perdido de los Detectives Salvajes. Estamos obviamente frente a una tópica romántica. Eso descalifica al libro? Justo lo contrario. El tema, es solo una de las partes de la retórica. El libro puede ser una película china, donde no pasa nada, o repetirse con frases como, amanece y ya está con los ojos abiertos, y de que sirve tener los ojos abiertos para ver la muerte, lo que no se ve. El tema es solo una de las partes. Lo que resalta en este libro no es el tema sino el procedimiento, la invención y la elocución.
fectos para una teoría de la literatura latinoamericana. Aquí es la madre de los poetas de México, que no es madre, ni mexicana, por lo tanto, no puede hacer figura con sor Juana, como nos la propone Paz o su doble en lengua de diamante, Juana de Ibarboru, cuando se vendían títulos tales como Juana de América . Aquí es una madre otra, sin hijos, uruguaya, aunque, como dice Pablo, su ethos uruguayo es modesto, colocando la identidad como un hibrido, – algo que se mueve entre – algo con lo que no se puede hacer una “literatura nacional”, la tópica aquí es mayor, es la de una identidad latinoamericana (¿una bolivariana fogosidad?). La defensa de un nosotros que resiste parece algo atípico para estos tiempos de cordialidad mercadológica, parece algo sesentoso, pero no es ese sesentosismo decimonónico que la Sommer lee en las autoindulgentes palabras de Vargas llosa y Cortázar, sobre el antes y después de la literatura del boom. Bolaño no es el post de un boom. Tal vez en lo que se le pueda señalar de anacronismo en su actitud afirmativa, la literatura como respuesta, en lugar de ser una debilidad del texto, es donde radica su fuerza.






